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Buda, estamos a sus pies

Para Buda, «el despierto» por definición, dormir es un estado de serenidad, un estado de máxima conciencia e iluminación. Para nosotros, soñadores por vocación, ver de cerca a este Buda durmiente fue una emancipación espiritual.

En Tailandia lo llaman Phra Phutthasaiyat, y es una estatua hecha de pan de oro de 46 metros de largo y 15 de alto, de rostro sereno, satisfecho, ajeno a las preocupaciones mundanas… acaba de alcanzar el Nirvana y a su alrededor, entre ojipláticos y devotos, una paz aplastante se merienda cualquier elemento ajeno a la maravilla.

De fondo, un tintineo rompe el silencio sagrado. Es el sonido de monedas que caen. La gente las va tirando en una fila de cuencos negros que están detrás del Buda. Buda recostado. Buda despierto, quieto, callado, atento. Bello durmiente.

 

A sus pies (3 metros de alto y 4 y medio de ancho) hay dibujadas espirales hacia el infinito, aves, flores, candelabros… símbolos que no entendemos pero que significan algo, que sabemos que son parte de algo. Que son. Y sentimos que también nosotros somos parte de algo más importante, y estamos, además, un poco más despiertos que antes.

Imposible transmitirlo en su totalidad. Imposible fotografiarlo entero sin que parezca un plátano.

Como curiosidad, leemos que el Buda durmiente está sobre su costado derecho, y que esa es una de las cuatro posturas que hay para dormir, cada una con un significado específico. La postura de dormir sobre el lado izquierdo refleja obsesión por los deseos mundanos y sexuales. Boca arriba, con la cara en alto, es síntoma de un estado de ansiedad y deseo incesante de riqueza material. Finalmente, la del lado derecho es la postura más saludable, la de dormir con atención plena. Un león duerme normalmente en esta postura superponiendo su pata derecha a la izquierda, y atento a cualquier peligro. Como este Buda, de cuerpo dormido y mente despierta.

 

El hogar de este Buda, y de otros mil, es Wat Pho, que es uno de los wats (templos) más grandes y antiguos en la capital tailandesa, además de una escuela de masajes muy respetada y testimonio de la grandeza del antiguo Bangkok.

 

 

 

Antes de irnos volveremos a este lugar. Por mágico, por sagrado y porque queremos darnos un masaje.

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