De cero a cuarenta grados y vuelta a casa

Titulares:
1. Estuvimos una semana en Leh (a cero grados).
2. Por aquello del mal de altura había que ir muy despacio y tardábamos más de la cuenta en hacer cualquier cosa.
3. Olvidamos nuestros sueños de Bollywood porque ya solo nos quedaba tiempo para una visita rápida a Delhi (38 grados) y terminar en Bombay (cuarenta grados).
A nuestras familias: ya llamaremos a la vuelta. A nuestros amigos: ahora toca quedar para batallitas time, que nosotros también os hemos sufrido, viajes ajenos. Gracias por seguirnos, mal que os haya pesado, y por los comentarios, mal que nos haya pesado a nosotros. Aquí dejamos fotos y poco más, que estamos en cuenta atrás.
Delhi.
Un niño limpia el suelo de una pequeña mezquita.
Transporte escolar.
Nos dijeron que este hombre era un santo visionario, y era verdad, porque se negó a bendecirnos.
Vendedor de hojas de bétel, donde se envuelven sustancias de mascar.
La ciudad a pedales.
Bikaner Sweets, conocerás la comida de tus sueños.

 
Aunque íbamos con los días contados, nos acercamos una mañana al templo sij de Delhi, el Gurdwara Bangla Sahib, porque los sij son nuestra debilidad desde el día en que casi nos ensartan cual pinchos morunos por hacer la bicicleta en el Templo Dorado de Amritsar. Sus cánticos piadosos resonaban por todo el complejo.
 
Un día corriente, en una calle cualquiera de Delhi.
Selfie forzada en la entrada del templo.
El agua de su estanque sagrado se considera milagrosa porque curó a cientos de infectados por una epidemia de cólera. Era Delhi y era el siglo XVII. Hoy, Guille metió su pie negruzco y salió de otro color. Parecía aquello Benetton.
Desde toda la India miles de personas, independientemente de su religión, acuden allí cada año a llevarse unos tuppers o ponerse un rato en remojo.
El estanque sagrado.

 

Después del templo sij, qué paz, volvimos a la música, la algarabía, los coches tuneados, los comerciantes garrapatiles, los empujones, en fin, a las calles de Delhi. A partir de este viaje ya nunca más nos va a importar que alguien invada nuestro espacio personal.

Esto es Bombay…
Hotel Taj Mahal, en la Puerta de la India.
Victoria Station.
Abuela y cuervo.
Familias de la calle.

 

 

 

 

Delante del rascacielos, una chabola.
Es increíble lo rápido que pasa el tiempo en la India (y lo despacio, por poner un ejemplo, en mi cabeza cuando mi madre me la pone como un bombo). Hemos tenido que aprender a decir gracias en cinco idiomas, de lo bien que nos han tratado.
Todavía estamos aquí, ahora en Bombay, y qué tristeza, echaremos de menos hasta el ruido. O especialmente el ruido.
Namasté.
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