Los días de navegación me encantan porque tengo barra libre de comida, cama y espectáculos y encima descanso… ah, no, que voy con dos niños de cuatro y dos años. Los días de navegación no tengo wiFi para evadirme un rato y el comedor está a tope con colas y los sitios cerca de la comida todos ocupados. Los días de navegación los niños corretean entre las mesas y suelen acabar con chichones como castañas en la frente, el sueño alterado, y señoras enjoyadas protestando porque, oh sorpresa, los niños se meten debajo de cualquier sitio, quizás también sus sufridas fajas y hablan muy alto (ahora las señoras) para que nos enteremos que los pequeños cabrones maleducados tendrían que quedarse en casa, 20 latigazos por noche y listo. Los días de navegación, los padres, cansados de que nos enmienden la plana, discutimos con señoras enjoyadas y las monitoras del club infantil terminan rellenando los papeles para pedir baja.

Y sin embargo… los días de navegación me encantan porque no hay que pensar en nada más que en divertirse, se pueden aprovechar todas las actividades del barco, que hay muchas, desde clases de baile a conferencias sobre Grecia, tiro con arco y hasta masajes gratis, y cae una siestecilla si hay suerte y logro hacer el tocomocho a mi santo compañero de crianza. Y la comida suele ser más rica y variada que los otros días. Más todavía.

Hoy, a lo mejor, me tomo una piña colada. Sin alcohol.

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