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La leche de las vacas es siempre blanca

¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Asiaelnirvana? Las preguntas sobre la vida, los deseos, las aspiraciones, las dudas, la búsqueda, en fin, nos llevó, un día cualquiera, a un templo jainista de Bombay.
Babu Amichand Panalal Adishwarji está en una calle corriente y, a simple vista, es pequeño y discreto, si lo comparamos con el jolgorio tamañístico que en sus templos suelen estilar todas las religiones.
Pero, a medida que te adentras, los detalles se imponen, cautivan, y quieres saber más, o todo, sobre qué hacen ahí esos peces, elefantes, santones, figuras del zodiaco, esas señoras calvas vestidas de blanco o esos fieles desnudos arrojándose al suelo.
Entonces miras mejor y ves que no hay que ser jainista para entender que es la condición humana, nuestros anhelos y aflicciones lo que tenemos delante. Es la mística en acción, matando demonios interiores.
Pero seguíamos queriendo saber más, hipnotizados por los símbolos, abducidos por el encantamiento. No encontramos las respuestas en el cielo, sino en internet.
Los jainistas son los seguidores de los Jinas. ‘Jina’ significa literalmente ‘Conquistador’. Aquél que ha conquistado el amor y el odio, el placer y el dolor, el apego y la aversión, y ha liberado de ese modo el alma de los karmas que oscurecen el conocimiento, la percepción, la verdad y la capacidad, es un Jina. Los jainistas no tienen dioses, sino jinas, que enseñan a reducir vicios.
Su fundador (unas décadas antes de la iluminación de Buda) fue un sabio llamado Mahāvīra. Vivió en la India entre los siglos VI y V antes de Cristo y, según algunas fuentes, lo que hizo realmente fue refundar el Jainismo, basándose en las enseñanzas de los Jinas. Todos los Jinas habrían nacido en familias nobles, pero renunciaron a sus posesiones y alcanzaron la iluminación. Según esta tradición hubo 24 jinas y Mahāvīra fue el último. Lleva miles de años muerto, pero sus enseñanzas siguen vivas y coleando en el catálogo espiritual de la India.
Las dos principales corrientes del jainismo son Swetambara o ‘vestidos de blanco’ y Digambara o ‘vestidos del cielo’. Los Digambara van desnudos, ya que practican el no apego al cuerpo. Comen una sola vez al día, de pie y sin recipiente. Y no, no les hicimos fotos.
Para ellos el universo no fue creado por un Dios o ser supremo. Es independiente y autosuficiente y no requiere ningún poder superior para gobernarlo.
Creen que todo ser posee un alma, desde el agua y las piedras, a los mamíferos y los peluches. Todos los seres reflejan el universo y son sagrados y dignos de respeto: humanos, animales, y organismos vivientes microscópicos, aunque de los humanos, por tener pensamiento, se espera que actúen con mayor responsabilidad.
La no violencia (en la que se inspiraron almas grandes como Gandhi) y la compasión por toda vida, ya sea humana o no humana, es central en el jainismo. La vida humana se valora como una oportunidad única y rara para alcanzar la iluminación. Son, claro, vegetarianos.
Jainismo y budismo tienen mucho en común, ya que esta ascética fe tuvo gran influencia en Buda. Sin embargo, Mahāvīra enseñó que cualquier acto, intencional o no, crea karma, mientras que para Buda solo las acciones intencionadas tienen efecto kármico. A partir de esta diferencia cada una tuvo sus adeptos.
Durante varios siglos compitieron entre sí por la supremacía, pero con el tiempo el budismo ganó. A pesar de todo, las dos religiones son muy tolerantes. Uno de los más famosos textos jainistas dice: «Las vacas son de diferentes formas y colores, pero la leche que dan es siempre blanca».
En el jainismo, el símbolo de la esvástica delimita a su séptimo santo y los cuatro puntos recuerdan al adorador los cuatro posibles lugares de nacimiento: el mundo animal o de las plantas, el infierno, la Tierra, o el mundo de los espíritus.

Terminada la visita, nos pusimos las cholas y a casa.

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