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Marrakech con niños (VII)

 

Una moto da un bocinazo y casi me atropella. A continuación, da paso a un burro, encima del burro un palo, el del moro que lleva el carro y lo golpea cada tres pasos. Flanquean la escena dos hileras de cuevas de espejos, cueros, sedas, pashminas, babuchas, imanes, cerámicas, plata, vidrio, barro, telas, cuadros, colores, olores, ruido, gente. Hemos llegado a la prostituida Marrakech, donde llegamos después de un viaje por carreteras del infierno desde Ouarzazate. 220 kilómetros en cinco horas y no hubo forma de encontrar un coche con sillita para niños. Íbamos acojonados pero los conductores nos tranquilizaron. Sería como un paseo bucólico sin peligro alguno. Muy bien. Hagámoslo, fuera miedos. Eso dijimos antes de soltar los 700 dirham que costaba el viaje. Nada más salir, vimos un accidente.