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Un cuento tailandés

Esta no es una historia nueva, es vieja como las montañas, contada tantas veces como el tiempo. Es la historia del hombre que no sabía el idioma del tigre dormido:
«En el reino de Chiang Mai, dormía un tigre cansado 
sobre la mesa donde había cenado
a hombres, perros y ganado.
Aunque estaba dormido,
sus oídos se alertaron
y sus párpados aletearon
al escuchar cercano un ruido…
 
¿Quién…? ¿Quién osaba despertar, a la bestia predadora? 
¿Quién perturbaba su sueño, su siesta reparadora? 
Era un tal Guillermo, que a sí mismo se decía:
«Aunque mi vida peligre 
me haré amigo de este tigre»
El felino se enfadaba
y Guille más se acercaba.
Y aunque los tenía de corbata, 
no desistió de su bravata.
«Vente conmigo, gatito lindo
Y hazte mi amigo, porque yo no me rindo»
El tigre, ya muy quemado, que no estaba para domas,
ni para amigos ni bromas, rugió con furia y enfado….
Mas Guille, que no sabe idiomas,
Creyendo que era un ronroneo
le acarició el esternocleidomastoideo.
El tigre le gritó, caliente:
«Estás buscando tu ruina…
¡Te pelaré con mis dientes, 
Te dejaré en esqueleto,
Serás polvo de aspirina,
Serás cerebro sin frente,
Para que muestres respeto

Por mis garras asesinas!”

Pero Guille entendió lo siguiente:
“¡Juguemos en mi piscina,
A un juego llamado teto!”
Y se puso cariñoso
con aquel animal precioso.
Aunque el tigre era gato viejo,
aquello lo dejó perplejo…
¿Cómo acabó la historia,
esa arriesgada aventura?
¿En evasión, en victoria…
o en una muerte segura?
Así quedó en la memoria de aquellos que la contaron:
«Tan, tan bien se lo pasaron
que al final se enamoraron.»
Y después de unos cafés
nos convertimos en tres.
Inma, Currupipi y Guille, la multitud se hizo virtud.

 

6 Replies to “Un cuento tailandés”

  1. Imparesionante!. Que gran amigo te has echado, Guille. Veo que incluso os pareceís físicamente sobre todo en la cara. Pareceís unos angelitos durmiendo juntos. No será tigresa!. Se habra enamorado, Guillermo?.Jamás se sabra……….

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