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Una de tetas y taxis

En serio, aquí hace calor. El sol sale a todo trapo por las mañanas y, aunque el hotel en el que nos quedamos (un hotel tipo cóctel de gambas, añejo pero delicioso) tiene aire acondicionado, cada vez que estamos en la calle (y eso es el 80 por ciento del tiempo) sudamos la gota gorda. Allí encontramos a la gente más taciturna de Bangkok… comiendo en McDonald’s.
Detrás del cristal, unos comensales de McDonalds no hacen honor a su lema: ‘Happiness starts here’
Y descubrimos cosas raras que se pueden y no se pueden hacer aquí.
Por ejemplo, en los taxis de Bangkok uno NO puede: pedorrearse o tocarle la teta a una mujer en tanga.

 

Mientras que en las peluquerías SÍ te pueden: marcar, peinar o ponerte bien rojos labios y pezones.

En la calle, además, te falsifican sin complejos cualquier cosa, desde unas zapatillas de marca (muy populares entre algunos monjes budistas)…

…a una cadena de cafeterías.

Desde un carné de conducir a un título por la Universidad de Harvard.

 

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